viernes, 31 de diciembre de 2010

noviazgos a través de la red empiezan a ser tan comunes como los convencionales.

¿Enamorados de quien está del otro lado o enamorados de las computadoras? Tal vez establecer una relación a través de la red sea un modo de lograr el vínculo sin el riesgo que siempre supone el contacto personal, en un mundo en el que el espacio privado se vuelve la coraza más segura ante la amenaza de una dinámica esquizofrénica.

"Lo que pasa es que chatear -explica otra joven que desarrolla la actividad- se puede hacer desde tu habitación, en pijamas y sin maquillarte. Una comodidad que no tenés al momento de salir y exponerte en forma personal".

¿Es más seguro chatear? No siempre. La red también oculta personajes que encuentran placer en invadir la privacidad de los otros, con rasgos personales que provocan miedo en quien ha vivido la experiencia de no poder esquivar a un navegante molesto.

Al igual que en el mundo real, también están quienes disfrutan de regalar promesas falsas: se conoce el caso de una chica que viajó a otro país, donde supuestamente se encontraría con su 'cyber-novio', ya con planes de casamiento, a quien esperó en vano durante varias horas en el aeropuerto. Ya de regreso, la desilusionada joven pudo comprobar, también en la red, que otras tres chicas habían vivido la misma amarga decepción, con el mismo personaje en cuestión.

Al igual que en los 'noviazgos convencionales', también aquí pueden crearse relaciones de dependencia, en las que el paso de minutos y segundos se hace interminable hasta el próximo chateo.

Acaso el atractivo de entablar una relación en la red sea la promesa de un encuentro ideal, en el que dos personas se conocen a partir de lo que ellas escriben (o dicen) acerca de sí mismas, pero sin que el otro tenga la chance de evaluar sus actitudes personales.

Tal vez no sea lo mismo decir "soy egoísta", e impresionar al interlocutor por esa sinceridad transmitida en pulsos telefónicos, en lugar de que una persona sufra el egoísmo de quien asume la autocrítica.

Lo cierto es que la aventura de conocer a alguien de Colombia o Méjico es una posibilidad, literalmente, al alcance de las manos, en un mundo global e instantáneo, paralelo y distinto al 'real', en el que 10.000 kilómetros son más cercanos que la casa del vecino.

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