domingo, 12 de diciembre de 2010

Internet, el amor y las relaciones virtuales

Intimidad. No me refiero a la intimidad sexual, sino a la intimidad emocional: la capacidad de revelar tu Yo más profundo a otra persona. Esta unión emocional y el compartir incluso los sentimientos negativos es una de las características que diferencian a las relaciones virtuales de las demás. El anonimato de las primeras interacciones y la capacidad para revelar partes de tu ser que normalmente permanecen ocultas, parecen propiciar la intimidad. La realidad física de los encuentros cara a cara restringe la intimidad e incluso hace que su desarrollo sea más lento. La frecuencia y rapidez del contacto por E-mail también aumenta la intimidad: es muy fácil enviar un correo electrónico sobre una repentina sensibilidad, relatando cómo el Arco Iris acaba de asomarse a tu ventana o demandar un comentario a algo intrascendente al amado. Ocurrencias que nunca justificarían una impertinente llamada telefónica y mucho menos una carta convencional, pero la intimidad en si misma no es suficiente para crear amor.

Pasión. Como alguien afirmó, nuestro principal órgano sexual es el cerebro. Con la charla erótica y el ciber sexo, así como con el hecho de compartir fantasías románticas y sexuales a través de la red, la atracción puede ser poderosa como en la vida real, pero sin el encuentro físico, sin experimentar esa química que aporta el erotismo a una relación, toda la pasión y la sexualidad existe sólo en forma de transferencia o de proyección de los sueños y las fantasías eróticas hacia la otra persona.

En los encuentros a través del ciberespacio no existen contratiempos; nunca se tiene mal aspecto, no existe la ansiedad de disfunción eréctil alguna, no se te corre el rimel, ni tropiezas con la alfombra, tampoco pierdes la compostura… A través de la red, los amantes son y están tan hermosos y atractivos como la persona se quiera imaginar.

Con la experiencia de la pasión física, la mayoría de la gente en la vida corriente toma conciencia de que se esta enamorando. En la vida normal, cuando ves la cara de tu amante el corazón da un vuelco, su voz al teléfono es fascinante y te acelera el ritmo cardiaco, es sexualmente excitante. Los amantes en un Chat tienen también algunas de estas sensaciones. Cuando reciben un aviso de correo también se sobresaltan y se entusiasman.

No es posible tocarse (de momento) excepto en su fantasía, aunque también se apoyan en sensaciones hasta cierto punto físicas que les alertan de que se están enamorando. Imaginar que pueden tocarse, besarse, abrazarse, explorarse, les proporciona un alto nivel de excitación sexual, y aunque no exista el contacto físico, la atracción erótica puede sentirse enormemente real. Pero, en un Chat, se siente atracción hacia la persona imaginada, no hacia la real que esta al otro lado de la pantalla. Esta es la diferencia más significativa entre un amor de chateo y una relación personal: el hecho de que la atracción física se basa sólo en fantasías, demuestra y determina la enorme intensidad del deseo que desata esta tecnología.

Aunque haya existido intercambio de fotografías, la verdadera compatibilidad sexual de dos personas que han sido virtualmente amantes durante meses es imposible de predecir. Pero la imaginación es inagotable y al no existir una relación física, se pueden dirigir las pasiones más fuertes hacia los sueños más frágiles.

Compromiso. Si a las personas les resulta difícil establecer compromisos en las relaciones de la vida corriente, en las relaciones a través de la red tienen que salvar obstáculos aun mayores. En una relación por computador esta fase es delicada. Muchas personas mantienen múltiples relaciones simultáneas a través de Internet, y normalmente no creen que la multiplicidad (infidelidad virtual ) sea incorrecta o desconsiderada.

El factor proyecto de futuro que tiene todo compromiso hace que en los Chat aunque pueda darse, sea menos frecuente alcanzar un grado de compromiso significativo. La mayoría de los amores de Chat duran tres meses; o bien la pareja se encuentra y establece un contacto más personal, o la relación simplemente se desvanece.

Según lo dicho, el amor que las parejas sienten en los Chat es aparentemente verdadero amor y contiene los tres componentes enunciados en un comienzo. Es en el equilibrio de los tres componentes en lo que estas relaciones presentan desviaciones con respecto a las normales de la vida real, lo que puede explicar por que algunas son tan breves. Aunque existe intimidad, el erotismo suele estar frecuentemente limitado a la fantasía y el compromiso se encuentra en un tercer lugar, bastante desaventajado del resto.

En la vida real, las proporciones de estos tres componentes se decantan hacia la atracción física en primer lugar, al menos al principio de la relación. El compromiso en la vida real es también mayor que en los Chat, probablemente debido a que el hecho de estar juntos físicamente implica un nivel de respeto mutuo que no requieren los cibernautas o ciberamantes. Ahora otro punto presente de la vida real, es la comunicación emocional y la intención de enfrentarse a sentimientos negativos los cuales son más difíciles de conseguir que en las relaciones a través de la red. Las posibilidades de ser rechazado por tu pareja en el mundo real dificultan muchas veces la comunicación. Por lo general se presenta la dificultad de sentirse seguro para hablar con la pareja sobre los temas más profundos y personales. Aquí el temor al rechazo de alguien tan cercano y presente puede vivirse como devastador.

La seguridad, es por lo general, uno de los aspectos que antes aparecen y más satisfactorios son en los Chat, ello propicia el desarrollo de un alto grado de intimidad. El anhelo de tener una unión emocional es una de las cosas que más empujan a las personas a iniciar romances informáticos. Aunque el amor por Internet esté desequilibrado en lo que se refiere a los componentes descritos, sigue siendo un sentimiento muy fuerte. A pesar de que demos mucha importancia a la atracción erótica como factor para establecer una relación amorosa, las relaciones con un alto grado de intimidad pueden ser tantas o más satisfactorias y duraderas que las reales

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